8-Dic-2008 0:00 - El Pais
La perseverancia tiene recompensa. No está exenta de sufrimiento, eso sí. Si no, que se lo pregunten a los aficionados vallisoletanos. Ni con un tres a cero a favor, pierde el Valladolid de Mendilibar sus señas de identidad. Todo lo contrario le sucede a Osasuna. La inexperiencia de quien aborda un partido con una ventaja desmesurada, tiene en la otra parte el aliciente de la remontada. Y eso que la situación no auguraba una reacción semejante. Cuando apenas había transcurrido un cuarto de hora, un renacido Dady desempolvaba las redes de la portería visitante. Delante de ellas, no estaba Asenjo, detalle importante. El autor de la asistencia no era otro que Puñal. Director del empuje osasunista, destruía una y otra vez la barrera violeta. Primero se asoció con Dady, que aprovechó el despiste de García Calvo para rematar ajustado al palo, y más tarde con Nekounam. El iraní, socio inamovible del capitán rojillo, empalmaba un preciso centro de Puñal y relajaba las pulsaciones del Reyno de Navarra. Se creía con los tres puntos Osasuna, y lo pagó a largo plazo.