18-Nov-2008 14:11 - El Pais
Desde que estalló la crisis financiera se ha podido leer lo del efecto mariposa en varias ocasiones. "Si una mariposa en Nueva York bate sus alas, puede provocar una tempestad en Pekín". Poesía para justificar el derrumbe de los mercados y los bancos centrales, con origen en Estados Unidos, que termina por azotar al carpintero de barrio, al pequeño comerciante o al típico asalariado, cualquiera de ellos un trabajador corriente de los países ricos. Pero si miramos para abajo, al sur, y cambiamos Pekín por cualquier ciudad africana, el manido efecto mariposa nunca ha sido tan cierto y directo: según lo que haga el dichoso insecto de Nueva York, la tempestad es real, y encima puede convertirse en tsunami.